¿CÓMO LA PANDEMIA HA INFLUIDO EN EL DESARROLLO DFE LA HIPOCONDRÍA Y EL TOC?

El TOC, siglas de "Trastorno Obsesivo-Compulsivo", es una psicopatología caracterizada por dos elementos principales y que quedan reflejados en su nombre: las obsesiones, que son imágenes mentales o pensamientos intrusivos que aparecen una y otra vez generando un alto nivel de malestar en la persona; y las compulsiones, que son secuencias de acciones muy específicas que la persona se ve en la necesidad de realizar cada vez para intentar mitigar (a corto plazo) la influencia dañina de las obsesiones y permitir que su atención quede desplazada a otra cosa. Es decir, que mientras que el primer elemento genera un malestar instantáneo y que “invade” la conciencia de la persona impidiéndole pensar en otra cosa, el segundo le aporta un remedio momentáneo, aunque a la larga no hace más que agravar el problema porque hace que se le dé aún más importancia a las obsesiones y que la persona no se sienta protegida hasta que no lleva a cabo la compulsión cada vez. Por su parte, la hipocondría (a veces llamada de manera más oficial “trastorno de síntomas somáticos”, aunque este último término es más amplio y aborda también otras alteraciones similares) es una alteración psicopatológica en la que la persona desarrolla una fuerte ansiedad ante la creencia infundada de que sufre al menos una enfermedad. En casos así, el grado de malestar es tan fuerte que ni siquiera una visita al médico en el que se le hace un chequeo y se le asegura que todo está bien sirve para tranquilizar a la persona a medio y largo plazo, ya que rápidamente vuelve a interpretar ciertas experiencias como señal de que ha desarrollado una patología, normalmente severa. Así, la hipocondría vuelve a la persona muy propensa a caer una y otra vez en el autodiagnóstico, interpretando del modo más pesimista posible todo tipo de sensaciones o cambios en el cuerpo cuyas causas no conoce bien, y que realmente no tiene por qué indicar que sufre una enfermedad.

¿CÓMO INFLUYE LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS EN EL TRASTORNO POR ATRACÓN?

Empecemos por lo más importante: ¿en qué cosiste exactamente el trastorno por atracón? Se trata de una enfermedad que forma parte de los Trastornos de la Conducta Alimenticia y que, tal y como su nombre indica, se caracteriza por los episodios de atracones de comida incontrolados, que no se corresponden con el hambre real que experimenta la persona. Así, quienes desarrollan trastorno por atracón desarrolla una dinámica en la que en determinados momentos siente la necesidad de comer inmediatamente cantidades relativamente grandes de comida, algo ligado a lo que se conoce como hambre emocional: la persona “aprende” a mitigar su malestar a través de las sensaciones que le produce el acto de comer, a pesar de que su cuerpo no necesite esos alimentos y de hecho ese le genere un problema de salud superior al problema que le hace sentirse mal en ese momento Por otro lado, este trastorno no es ta famoso como la anorexia y la bulimia, patologías que llevan años recibiendo la atención de los medios de comunicación y que suelen atraer los focos de todas las campañas de sensibilización en salud mental, lo cual complica su prevención y tratamiento rápido cuando aparece: muchas veces, las personas que lo sufren tardan mucho en identificarlo como un problema, y en ocasiones asume que forma parte de sus hábitos o de sus “manías”. Esto puede ser debido a que se asocia a los Trastornos de la Conducta Alimenticia con la preocupación excesiva por controlar lo que se come, y esta patología parece ir en contra de esa lógica. Sin embargo, si lo examinamos detenidamente, nos daremos cuenta de que el trastorno por atracón tiene mucho que ver con la bulimia, aunque en este caso no se llevan a cabo conductas de purga como el vómito inducido (lo cual evita afectaciones mayores en la piel de las manos y en el tracto superior del sistema digestivo, pero a la vez incrementa las posibilidades de sobrepeso, mientras que el riesgo de malnutrición se mantiene).

EL IMPACTO DE LA PANDEMIA DEL CORONAVIRUS EN LOS CASOS DE LA AGARAFOBIA.

La agorafobia es, ante todo, un trastorno psicológico que forma parte de los trastornos de ansiedad, categoría en la que quedan englobadas alteraciones mentales basadas en una manera disfuncional de gestionar nuestros pensamientos y emociones cuando algo o alguien nos hace sentir ansiosos (y que, como resultado, hace que nos sintamos de esa manera con mucha frecuencia). En concreto, las personas que desarrollan agorafobia están muy predispuestas a sufrir intensos ataques de ansiedad ante situaciones en las que perciben que sería complicado huir de un peligro si este apareciese y/o en las que no podrían disponer de ayuda en caso de que les pasara algo malo (como por ejemplo, sufrir el propio “pico” de ansiedad). Por ello, alguien con agorafobia adopta una serie de patrones de conducta basados en la evitación de esos lugares “amenazantes”, que al contrario de lo que se suele pensar, pueden ser tanto lugares abiertos (una calle ancha y muy transitada) o cerrados (un ascensor): lo importante es el grado en el que la persona percibe que en ese sitio está protegida o puede disponer del apoyo de alguien implicado en su bienestar.

¿CÓMO NOS HA AFECTADO LA PANDEMIA MEDIANTE LA FOBIA A VIAJAR?

Las fobias específicas son una de las alteraciones más prevalentes en las sociedades modernas actuales, y constituyen una gran fuente de malestar tanto para quienes las padecen como para su entorno. Existen muchos tipos de fobia asociados a diversos desencadenantes específicos, y algunas de las más habituales son las fobias a determinados animales, a las agujas, a los espacios abiertos o a viajar. Cuando la persona entra en contacto con estímulos que le hacen sentirse en la proximidad de esos elementos fóbicos, sufre una subida repentina de sus niveles de ansiedad, hasta el punto de tener problemas para no perder el control de lo que hace. La hodofobia o fobia a viajar es una fobia asociada a un concepto a priori positivo como es el acto de viajar, pero que genera un gran malestar tanto a nivel emocional como físico o cognitivo en las personas que lo padecen. Así pues, la hodofobia o fobia a viajar es el miedo irracional a participar en cualquier viaje alejado de nuestro hogar con cualquier medio de transporte habilitado para tal fin, principalmente en avión, tren, coche o barco. Eso sí, no debe ser confundida con la fobia a los aviones, basada en el miedo concreto a sufrir un accidente en el interior de estos medios de transporte. Lo que da miedo en la hodofobia es la propia experiencia de salir de la región que nos resulta familiar, a la que nos hemos acostumbrado y/o que forma parte del lugar en el que habitan las personas con nuestro trasfondo étnico o cultural.

LOS EFECTOS PSICOLÓGICOS DE LA PANDEMIA.

Los efectos de la pandemia son por ahora un misterio, pero sí sabemos algo: que la pandemia continúa (desde los medios, nuestra vida social, la incertidumbre, etc.) y que ya ha causado unos estragos claros en las personas. Desde el mes de marzo, han aumentado en consulta (en mi caso, consulta totalmente online, ya que acompaño a personas de cualquier lugar del mundo) los casos de personas que estaban a punto de consumir medicación o de estar ya consumiéndola. En esos casos la recuperación existe, pero es más gradual y es necesario más tiempo. Por esta razón es importante atajar el problema cuanto antes y transformarlo en una solución (gracias a tu propio aprendizaje y cambio personal). Actualmente, los cambios que las personas más están necesitando es precisamente aprender a gestionar toda esta ansiedad, miedo, inseguridad y desánimo que nos ha contagiado la pandemia. Las emociones no son en sí mismas negativas, sino una información necesaria que nos ayuda a reaccionar, conocernos, adaptarnos y crecer. Ignorarlas implica que nos conquistan y terminamos por vivir en función de ese miedo y ansiedad, aunque la pandemia ya haya terminado. Si aprendes a entenderlas y a gestionarlas, las tendrás de tu lado para vivir con confianza, paz, aceptación, además de la prudencia necesaria (vivir "sin miedo" no solo es imposible sino disfuncional. El miedo es necesario pero que no conquiste tu vida lo es aún más).