TRASTORNO DE PERSONALIDAD ANTISOCIAL.

El trastorno de personalidad antisocial es uno de los trastornos de la personalidad más difíciles de tratar. Las personas con esta afección normalmente no buscan tratamiento por su cuenta. Pueden iniciar una terapia únicamente cuando las obliga una corte.  Los tratamientos conductuales, como los que recompensan el comportamiento adecuado y tienen consecuencias negativas para la conducta ilegal, pueden funcionar para algunas personas. También puede ayudar la psicoterapia. A las personas con personalidades antisociales que tienen otros trastornos, como del estado de ánimo o de consumo de sustancias, también se las trata a menudo por estos problemas.

TRASTORNO HISTRIONICO DE LA PERSONALIDAD.

El trastorno de personalidad histriónico se caracteriza por una necesidad marcada de atención por parte del entorno, superficialidad y variabilidad emocional. Todas estas características se encuentran en la base de la aparición de comportamientos de tipo seductor o manipulador en las relaciones sociales. Un aspecto que une la Histeria (que se transformó en Trastorno Histriónico a partir del DSM III) con el Trastorno Histriónico de la Personalidad (con mecanismos más arcaicos) es el estilo cognitivo de tipo impresionista (Horowitz, 1977, 1995, 1997). Las personas con este tipo de trastorno inhiben el procesamiento de la información para contener emociones muy intensas, que no logran gestionar de otra manera (“la belle indifférence”). Esta inhibición afectiva a menudo se alterna con una expresión emocional excesiva, con el objetivo de obtener atención y respuestas de los demás. Así, la atención del histriónico está en gran parte orientada a evaluar si los demás le prestan atención (Gabbard, 2002). Las reacciones que los pacientes con Trastorno Histriónico de la Personalidad tienen hacia sus arrebatos emocionales se parecen, aunque de forma atenuada, al Trastorno de Identidad Disociativo.

TRASTORNO ESQUIZOTÍPICO DE LA PERSONALIDAD.

El Trastorno esquizotípico (DSM V) se caracteriza por. Patrón dominante de deficiencias sociales e interpersonales que se manifiesta por un malestar agudo y poca capacidad para las relaciones estrechas, así como por distorsiones cognitivas o perceptivas y comportamiento excéntrico, que comienza en las primeras etapas de la edad adulta y está presente en diversos contextos, y que se manifiesta por cinco (o más) de los hechos siguientes:Ideas de referencia (con exclusión de delirios de referencia).Creencias extrañas o pensamiento mágico que influye en el comportamiento y que no concuerda con las normas subculturales (p. ej., supersticiones, creencia en la clarividencia, la telepatía o un “sexto sentido”; en niños y adolescentes, fantasías o preocupaciones extravagantes).Experiencias perceptivas inhabituales, incluidas ilusiones corporales.Pensamientos y discurso extraños (p. ej., vago, circunstancial, metafórico, superelaborado o estereotipado).Suspicacia o ideas paranoides.Afecto inapropiado o limitado.Comportamiento o aspecto extraño, excéntrico o peculiar.No tiene amigos íntimos ni confidentes aparte de sus familiares de primer grado.Ansiedad social excesiva que no disminuye con la familiaridad y tiende a asociarse a miedos paranoides más que a juicios negativos sobre sí mismo.No se produce exclusivamente en el curso de la esquizofrenia, un trastorno bipolar o un trastorno depresivo con características psicóticas, otro trastorno psicótico o un trastorno del espectro del autismo. Nota: Si los criterios se cumplen antes del inicio de la esquizofrenia, se añadirá “previo,” p. ej., “trastorno de la personalidad esquizotípico (previo).”

TRASTORNO DE LA PERSONALIDAD DEPENDIENTE.

El principal aspecto característico del Trastorno de la Personalidad por Dependencia es una necesidad generalizada y desmedida por recibir cuidados de otras personas (definición del Trastorno de la Personalidad por Dependencia del DSM V), algo que, desde luego, trae consigo una serie de problemas que impiden el desarrollo pleno del individuo en el ámbito social. A la hora de emitir un diagnóstico, es importante saber reconocer ciertos aspectos llamativos que podemos encontrar al recibir un paciente con dependencia emocional en la consulta: Son sumisos Estos individuos muestran comportamientos generalizados de sumisión, generando un desmesurado apego y miedo a quedarse sin el apoyo o protección de las personas a su alrededor. Es incapaz de tomar decisiones

TRASTORNO DE PERSONALIDAD OBSESIVO-COMPULSIVO.

El trastorno de personalidad obsesivo-compulsivo se caracteriza por una excesiva preocupación por el orden, la eficiencia, el perfeccionismo y una marcada tendencia a la inflexibilidad y rigidez mental (emocional e interpersonal). La persona con este tipo de trastorno debe “controlarlo todo” a través de una visión analítica y detallada de la realidad. Necesita puntos de referencia, tiene miedo a los cambios, falta de humor, es rígido e intolerante especialmente consigo mismo. A menudo es tacaño y no tira los objetos desgastados y sin valor real o afectivo. Presenta limitaciones en las relaciones sociales, no tolera los compromisos, prefiere relaciones autoritarias y tiene pocos amigos. A menudo es indeciso y obstinado, da muchas vueltas antes de tomar una decisión por miedo a cometer errores o inexactitudes. Se dedica muchísimo al trabajo y a la familia, excluyendo cualquier actividad de ocio y las amistades, presenta mecanismos de defensa obsesivos típicos (contra emociones como la ira o la dependencia) como el aislamiento, la racionalización, la formación reactiva y la anulación del afecto.

TRASTORNO DE PERSONALIDAD POR EVITACIÓN.

El Trastorno de Personalidad por Evitación se caracteriza por inhibición social, miedo a los juicios negativos de los demás y sentimientos de no ser adecuado. La persona con este trastorno es muy tímida, muy sensible a los rechazos y a las críticas de los demás. Por esta razón tiende a reducir los contactos sociales aunque en realidad desearía mucho la compañía de los demás. Generalmente no es capaz de hablar en público y, si lo hace, enfatiza su propia modestia. Es un trastorno que puede evolucionar en una fobia social. Los pacientes con trastorno de personalidad por evitación presentan toda una gama de estados disfóricos (estados de ánimo desagradables con tristeza, ansiedad o irritabilidad) y, para su abordaje, siguiendo el criterio de la Terapia Cognitiva, es aconsejable enseñarles a examinar y tolerar cualquier estado de ánimo de este tipo.